Génesis 1.3

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-¿Mi nombre?
-Si, su nombre y apellidos. De echo esta tabla emite un sonido extraño. Analizándolo, hemos descubierto que es código morse. Esta tabilla dice su nombre, su actual vivienda, su grupo sanguíneo y hasta su número de carnet de la biblioteca. Parece tener algún tipo de enlace con usted y esperábamos que nos lo explicara.
Todo el mundo presente en la sala se volvió a Samuel con una mirada acusadora.
-¿Que les explique lo qué? ¡Estoy tan sorprendido como ustedes!
-¿Seguro? ¿No tiene nada que ver con este extraño fenómeno? Todo apunta a usted -esto último lo dijo con un tono de voz que samuel interpretó como una amenaza.
-¡A mi! No se que demonios pretenden, pero llévenme ahora a mi casa. Han cometido allanamiento de morada, secuestro con intimidación y y...
Samuel se quedó mirando fijamente a la tabla. Aquel trozo de piedra era bonito. Tanto como para quedarse mirando eternamente. Samuel se quedó petrificado, mirando a la tabla con devoción.
-¿Samuel? ¡Samuel! ¡Maldita sea, ha entrado en choque, preparad una camilla y suministradle adrenalina!
El cuerpo de samuel se había quedado acostado con los ojos muy abiertos y las pupilas completamente dilatas, pero su mente seguía mirando aquella tabla. Era fascinante. Tenía unas proporciones perfectas. Su brillo verde había cautivado a Samuel. Sentía que si miraba eternamente aquel trozo de piedra sería feliz para siempre. Al menos pensaba eso hasta que la piedra empezó a brillar. Como sacudido por un terremoto, la mente de samuel se agitó y se mareó. La Tablilla se abrió. Y Samuel gritó. Su cuerpo inconsciente empezó a decir cosas sin sentido y sus ojos giraron en sus órbitas como locos. Los enfermeros no sabían que hacer. Entonces se paró, miró hacia el techo y se durmió.
Cuando Samuel abrió los ojos ya no tenía la máscara puesta.
-¡Qué ha pasado! ¡Que que que!!- dijo samuel sobresaltado, cayendose de la cama y propinándose un golpe en la nuca.
-Cálmese señor. Ha sufrido un desmayo producido por la presión del lugar. Es imposible que estea acostumbrado a este ambiente y no ha recibido entrenamiento. Le hemos suministrado un con el que estará tranquilo durante su estancia en el Ojo.
-¿El ojo?
-Así se llama esta estación de investigación. Espero que la comida sea de su agrado.
-¿hmf?- murmuró samuel. Segundos después, un operario le traía un sandvich tan grande como su propia cabeza.
-Parece apetitoso- dijo Samuel mientras sus tripas rugían.
-Coma tranquilo. Cuando acabe pulse ese botón y siga las líneas verdes. Le enseñaremos lo que hacemos aquí.











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